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Traducir a ciegas

traducir a ciegas

El diario El Mundo se hacía ayer eco de una metedura de pata del presidente de Chile en su gira europea. En su visita al jefe de estado de Alemania en el palacio presidencial, Sebastián Piñera decidió firmar en el libro de huéspedes ilustres e intentando agasajar a su anfitrión y fardando de alemán, decidió escribir sin más: Deutschland über alles.

La frase tiene una traducción preciosa, «Alemania sobre todas las cosas». Igual de preciosa que Ich bin ein Berliner (soy berlinés) o Arbeit macht frei (el trabajo libera). Pero claro, las palabras muchas veces no son lo que parecen y a menudo llevan consigo un mensaje que trasciende la traducción literal y solamente quien conoce el trasfondo histórico-cultural de una lengua logra descifrar.

De ahí la importancia de formarnos como traductores no solamente en las capacidades lingüísticas, sino también en la cultura de los países que hablan nuestras lenguas de trabajo. Hay que educarse en la literatura, la historia y la cultura popular del país —sí, eso que llevas haciendo años, cuando te enganchas a  las series de televisión o a los bestsellers también cuenta como formarse en la cultura popular de un país.

Pero no solamente eso, claro. Mi mentor en el mundo de la traducción siempre me proponía hacer tres líneas cronológicas: una con los principales acontecimientos históricos, otra con las principales obras literarias y otra con los principales personajes, cada una de ellas para cada lengua de trabajo, incluida nuestra lengua materna. No es un ejercicio fácil, pero es útil para darse cuenta de que creemos saber más de lo que sabemos en realidad.

Como traductora, me cuido mucho de hacer trabajos a mi lengua no materna, porque conseguir todos esos conocimientos viviendo fuera de esa cultura requiere un esfuerzo ingente. No voy a decir que no traduzco al inglés, porque estaría mintiendo. Trabajo al inglés con bastante frecuencia, la verdad. No obstante, me aseguro de que me muevo en un campo que controlo y en cuanto me veo floja, delego el trabajo a un compañero con mayor control del tema. Muchas veces lo mejor sería trabajar en equipos de traductores, como en la Escuela de Traductores de Toledo, pero no siempre es posible en el siglo XXI —qué paradoja.

La frase empleada por el presidente chileno era el comienzo del himno alemán histórico utilizado intensivamente durante el nazismo. Tras recortar el himno y reducirlo a la tercera estrofa de la composición original, ese primer verso se asocia en la Alemania actual a la ideología nacionalsocialista que defiende el triunfo de la raza alemana por encima de todo. Teniendo en cuenta que Alemania penaliza hoy por hoy toda apología del nazismo, si no hubiese sido por la labor diplomática, el buen señor se habría podido meter en un lío.

Lamentablemente, los traductores no contamos con los beneficios diplomáticos de los políticos, así que mejor será tener cuidado y no caer en semejante metedura de pata. Aprovecho para recomendar la contratación de un seguro de responsabilidad civil, así como moraleja del cuento, sobre todo si os movéis en el ámbito de la traducción jurídica o jurada.

 Y es que traducir sin los conocimientos culturales suficientes es como traducir a ciegas, por muchas habilidades lingüísticas que se tengan. Afortunadamente, esta es una ceguera con un tratamiento sencillo: formación continua (y perpetua).

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